“Lo que haz de hacer, hazlo ahora” – Por Candi

Por produccion febrero - 9 - 2018

El tiempo, al fin y al cabo, es un traidor. Habiendo sido descubierto por el hombre, rescatado del profundo y remoto abismo en el que permanecía intrascendente para todo lo creado, ahora pasa, una y otra vez, impertérrito, inexorable, sin ninguna piedad y sordo a cualquier súplica. No se detiene, sigue, no perdona, ni concede nada de lo suyo. Es, por tanto, también, un gran mezquino.

El tiempo no te permite rectificar lo ya pensado, lo expresado o accionado. Es falso aquello de que se pueden reeditar o rectificar las cosas sucedidas, tal como fueron. Y ello es así, por el hecho de que las circunstancias jamás serán las mismas. Aquello que pensé, aquello que dije, aquello que hice, perteneció a un contexto. Y si bien puedo repetir palabras o corregirlas, puedo repetir acciones o enmendarlas, todo a mi alrededor no será lo mismo. Por tanto, mi acción, aunque parecida, tampoco será igual. Incluso yo no seré el mismo. Esto no significa, lo aclaro de manera destacada y superlativa, que no tenga valor la rectificación. Claro que lo tiene, y tanto vale que la enmienda de actos equivocados supera al poder del tiempo. Pero esta es otra historia. Lo que quiero decirte, es que hay pensamientos, palabras, acciones, que deben ser dichas en el momento justo, pues luego ya no serán lo mismo, ni lograrán el mismo efecto.

En vano se riega el malvón cuando éste se ha secado. Así es. La rosa estuvo allí, por días, dispuesta a entregar su fragancia. Cuando al fin se acercó un peregrino, la pobre ya se estaba agostando.

Un “te amo” hoy, no será igual a las dos palabras expresadas mañana. Un “perdón”, o un “te perdono”, tampoco. Y lo más peligroso, es que a veces no hay mañana. Por eso al tiempo, sólo hay que regalarle aquellos pensamientos, palabras y acciones que no sirven, que no construyen, que no reconcilian. A los demás, debemos darle vida ahora mismo y gozarnos en ellos y con ellos. Hay que dar testimonio de la insensatez, de la locura, que es darle al tiempo (para que las esconda aviesamente) las cosas que verdaderamente importan en la vida. Es cierto que a veces un Orden Superior, Dios, derrama ciertas gracias y compensa. A veces la recompensa es muy valiosa, incluso extraordinaria, pero no todos reciben semejante regalo. Aquellas cosas buenas que se le da al tiempo y que este encubre, no se recuperan jamás. El mañana sustituyendo al ahora, amigo, no es una buena apuesta en la vida. Por eso, incluso, al mayor de los traidores se le dijo “lo que has de hacer, hazlo ahora”.