La importante presencia de los padres

Por Prensa mayo - 20 - 2019

La primera institución social, la más importante, en donde se forjan los seres humanos, es la familia. La buena familia es refugio, escuela, formadora de personas de bien y, por sobre todas las cosas, contenedora y hasta salvadora. Los hijos, por ejemplo, necesitan buenos ejemplos cotidianos, límites, y acompañamiento para sentirse seguros. Los padres tienen, a lo largo de la vida, la misión de estar presentes cuando sus hijos los necesitan, y estos deben devolver ese amor incondicional de los progenitores cuando están en el final del camino. Sin embargo, esa familia paradigmática es en estos tiempos bombardeada, herida, a veces de muerte. La modernidad y el ritmo de vida actual hace que la familia esté más disgregada, la incorporación desde hace décadas de la madre al ámbito laboral, cambió la dinámica del hogar y muchas veces, los hijos pasan mucho tiempo solos o cuidados por un tercero. El Papa Francisco se ha referido en varias oportunidades a las carencias de muchos niños en el seno de la familia y recalca lo fundamental de la presencia materna expresando: “El sentimiento de orfandad que viven hoy muchos niños y jóvenes es más profundo de lo que pensamos. Hoy reconocemos como muy legítimo, e incluso deseable, que las mujeres quieran estudiar, trabajar, desarrollar sus capacidades y tener objetivos personales. Pero, al mismo tiempo, no podemos ignorar la necesidad que tienen los niños de la presencia materna, especialmente en los primeros meses de vida. La realidad es que “la mujer está ante el hombre como madre, sujeto de la nueva vida humana que se concibe y se desarrolla en ella, y de ella nace al mundo”. Si bien hay que valorar el feminismo y darle a la mujer las oportunidades que se merece por su capacidad intelectual y por la dedicación que pone en su carrera y trabajo, es cierto que como también dijo el pontífice que “una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral. La madre, que ampara al niño con su ternura y su compasión, le ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno que lo recibe, y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la capacidad de intimidad y la empatía. La figura paterna, por otra parte, ayuda a percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación, por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al esfuerzo y a la lucha. Un padre con una clara y feliz identidad masculina, que a su vez combine en su trato con la mujer el afecto y la protección, es tan necesario como los cuidados maternos”.