La importancia de brindar una sonrisa

Por Prensa mayo - 20 - 2019

En Escocia hay un dicho popular que dice: “La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”. Sería bueno que en la sociedad actual se aplicara este concepto, y se dejara guardado en un cajón el enojo que se vislumbra en las personas, para construir un espacio de amabilidad. En más de una ocasión, notamos como las personas viven con un enojo permanente que no les permite reconciliarse con el prójimo ni consigo mismo. De manera inconsciente producen lo que se podría llamar maltrato social. Un ejemplo claro de esta problemática, se observa a menudo en los negocios de venta al público. Ha cambiado tanto la sociedad y se vive de una manera tan ajena a los principios básicos de conducta y buenos modales, que es común que un eventual comprador sea atendido sin ganas y por lo tanto se retire del lugar sin hacer su compra y diciendo: “aquí no vengo más”. En los distintos ámbitos cotidianos los seres humanos se encuentran con este tipo de actitudes, y por supuesto reaccionan frente a estos hechos haciendo una crítica. Es común escuchar quejarse porque los colectiveros tratan mal a los pasajeros, los empleados públicos tratan mal a los contribuyentes que van a realizar trámites, los patrones hacen lo mismo con sus trabajadores, el maestro o profesor lo hace con a su alumno y viceversa y se podrían enumerar muchísimas más situaciones de falta de respeto diario.
Ahora bien, si en los avatares de todos los días se dedicaran cinco minutos a pensar en la forma de revertir este estado de alerta, donde la ira se desarrolla a pasos agigantados, y se decidiera hacer uso del buen trato y la sonrisa, se mejorarían, sin duda, todas las relaciones. Una sonrisa no cuesta nada, en el sentido estricto de valor monetario y sin embargo vale mucho. ¿Cuál es este valor? El que la da no pierde nada (¡al contrario!) y el que la recibe se enriquece. Si al final de una jornada el cansancio agobia y al entrar en el hogar o al encontrarnos con un amigo se nos recibe con una sonrisa, el cansancio se aliviará y se recobrarán las fuerzas. El efecto de la sonrisa es tan placentero que aun cuando se atraviesan problemas que nos hacen perder la estabilidad y nos encontramos sumergidos en estados de tristezas, si alguien se nos acerca y nos brinda su consuelo a través de la sonrisa franca y con algún comentario, logra contagiarnos y un gesto distendido brota en nuestros labios y si bien el problema no desaparecerá se podrá mirar con otra perspectiva y florecerá la esperanza. Analizándola desde lo estrictamente orgánico, debemos recordar que para esbozar una sonrisa se ponen en funcionamiento alrededor de quince músculos, mientras que para fruncir la frente o el entrecejo se ponen en funcionamiento alrededor de cuarenta músculos, o sea que da menos trabajo al organismo sonreír que estar serio y con enfado. Estudios hechos por un grupo de científicos ingleses hallaron nuevas evidencias sobre el poder contagioso de la risa. Llegaron a la conclusión de que nuestro cerebro sería particularmente sociable, ya que gatilla una sonrisa como respuesta a la primera carcajada que percibe. Estudios previos habían demostrado que cuando observamos una cara sonriente se activa un grupo de células nerviosas llamadas neuronas espejo, que nos impulsan a sonreír. Para terminar recordemos la frase de la Madre Teresa que decía “La paz comienza con una sonrisa”.