Humanizar las salas de los hospitales

Por Prensa mayo - 20 - 2019

 

Por Ariana Operti

Elizabeth Aguillón es la impulsora de un proyecto que desde hace años busca “humanizar” las vivencias de grandes y chicos en los hospitales. A través de la Fundación Arte que Ayuda a Curar, intervienen las paredes de los centros de salud para cambiar los espacios “híbridos” y convertirlos en lugares “más positivos.

Su hija estuvo internada y ella, diseñadora equipacional, todavía recuerda la experiencia de pensar “¿por qué los niños tienen que recuperarse en espacios tan fríos y hostiles, siendo que no cambia la condición de niño cuando se enferman?”. Por ello, una vez que su pequeña se recuperó, empezó a pensar de qué manera “devolver” un aporte, “en forma de agradecimiento y para encontrarle sentido” a lo que les había pasado. “Fue difícil conseguir el espacio, porque se trata de un cambio de vanguardia hospitalario”, aseguró, al tiempo que contó cómo fueron esos años de ir recorriendo lugares, “mostrando en un papel las ideas”. Luego de unos cinco años, el primer lugar de trabajo fue el Hospital de Niños Víctor J. Vilela. A partir de esa experiencia, surgieron muchísimas más. Y en distintos puntos incluso del país, desde donde llamaban para conocer sobre la iniciativa. Cada diseño lleva su preparación, su análisis. Elizabeth observa qué se pintará, el espacio con el que cuenta y, según la patología y el tiempo de internación, realiza el bosquejo. Unos días antes de la fecha de la intervención, convocan a los voluntarios. “No es necesario saber pintar. Pedimos que se anoten, y ese mismo día, por orden de llegada, se comienza a trabajar desde la mañana hasta la tardecita”, explicó.

“Era algo medio loco, pero la experiencia triste que había pasado me marcó. El chico internado, sin su familia ni afectos, en un lugar tan triste, se estresa. Y es difícil que no te influya de manera negativa eso. Entonces esta es una forma de contrarrestarlo”, agregó. Lo que se produce en los pacientes, apuntó, es “increíble”. Aguillón remarcó que también trabajan mucho con el personal para que se “involucre igual que las familias y chicos internados”, y que es un antes y un después “tremendo. Todos están dentro del espacio que es híbrido, y de repente les dejamos algo lleno de colores, sueños, historias y aventuras. Siempre con una mirada positiva”, acentuó.

Desde la fundación sienten que el avance fue notable, “aunque todavía falte”. Elizabeth recuerda que antes era ella quien ofrecía realizar las intervenciones. “Ahora lo piden”, expresó entusiasmada. “Si se puede entrar a trabajar de esta manera a los hospitales, es por voluntades que se vuelcan a eso. Porque existe un acompañamiento distinto al paciente”, deslizó. Para Aguillón, todavía falta un “equipo interdisciplinario de trabajo”, pero es uno de los objetivos. “El hecho de que nos llamen ya demuestra que cambió el pensamiento. Nosotros vamos detrás de esto, de generar espacios así. En un futuro buscaremos contar con una ley de humanización para que los pacientes pediátricos estén con huella de infancia”, especificó.