Por Lisandro Rábida (*)

Día a día, gran parte del tiempo de los docentes y directivos se destina al trabajo administrativo, desde la toma de asistencia hasta la elaboración de comunicados y boletines de calificaciones. En las últimas décadas, los debates en torno a de qué manera los avances de las tecnologías podían aportar a la mejora de los procesos de enseñanza y de aprendizaje dominaron la escena y primaron frente a aquellos que buscaban en estas herramientas soluciones para agilizar la gestión escolar y académica, y aprovechar el tiempo para abordar los desafíos pedagógicos de este siglo.
Trabajar con la gestión escolar implica entrar al corazón de los establecimientos educativos, y este es un desafío que no todas las organizaciones están dispuestas a afrontar. Implica trabajar con un entramado complejo de responsabilidades, articuladas en diferentes niveles de decisión académica y política. Además, requiere de acceder y manejar información muy sensible y valiosa para toda la comunidad que interviene en los procesos de toma de decisiones, desde los directivos hasta las familias.
Creemos que la gestión escolar, así como la comunicación entre el colegio, los alumnos y los padres, puede aprovechar el avance de las tecnologías digitales para ser más ágil y eficiente. Pero ambas dimensiones presentan desafíos diferentes debido a su complejidad. Cada escuela, cualquiera sea su tipo de gestión, nivel y modalidad, tiene una realidad tan distintas y particular que para entender cómo produce y utiliza la información que genera a diario, requiere de un acompañamiento muy cercano. Cada escuela puede ser una fuente de información que dé respuesta a los desafíos educativos que busca resolver.
Esta información no sólo es valiosa para que los educadores y las familias puedan tomar decisiones basadas en un diagnóstico objetivo, sino que también permiten mejorar todo el proceso educativo en su conjunto, desde la escuela hasta la política. Mejorar la forma en que se produce, se gestiona y se utiliza esa información es fundamental, aunque no suficiente, para garantizar el derecho a la educación de calidad para todos.
Las instituciones con las que dialogamos a diario implementan constantemente proyectos de mejora continua con metas anuales e interanuales. Todas comenzaron a entender, además, que un sistema de gestión les permitiría contar con información en tiempo real para cumplir y medir el cumplimiento de sus metas y, sobre todo, enfocarse en la trayectoria educativa de cada uno de sus alumnos.
Debemos tomar conciencia de la importancia de que todos los actores involucrados participen en este proceso de mejora de gestión educativa, se aliados para que los educadores y las familias tomen mejores decisiones y acompañen a los alumnos durante su paso por la escuela.
Como especialistas en el desarrollo de Gestión Académica y Servicios para Instituciones Educativas, sabemos que acompañar a las escuelas durante todo el proceso de implementación es clave, trabajar de cerca con las escuelas es central si se quiere garantizar que la seguridad, la protección y los usos de esa información que genera las escuelas, no sean vulnerados de ninguna manera.
Cada establecimiento aporta nuevos conocimientos que enriquecen a otros a la hora de pensar en cómo mejorar sus procesos educativos. Nuestra tarea es identificar, sistematizar y difundir aquellas buenas prácticas que permiten que cada nueva escuela -e incluso también proyectos municipales y provinciales- recorra el camino de la innovación en la gestión académica con la certeza de que le permitirá agilizar procesos y contar con herramientas potentes para tomar mejores decisiones en pos de la mejora del aprendizaje de sus alumnos, y en busca de la tranquilidad de padres y/o tutores con relación al desarrollo y crecimiento educativo de los jóvenes.

(*) Ingeniero en sistemas. Co-fundador de GoSchool.

Fuente: El Quid de la Cuestión