Por María Laura Favarel*

La mítica iglesia del Buen Pastor, de Laprida al 2700, estuvo cerrada hace 13 años, pero reabrió sus puertas para los rosarinos que quieran conocer el inmenso predio que abarca casi media manzana. Este mes comenzaron los trabajos de restauración del templo, y ya está proyectado el primer refugio de Rosario que funcionará todo el año, destinado a personas en situación de calle. Además, habrá un hogar de «medio camino» para quienes terminaron un tratamiento de adicciones, y se organizarán talleres de oficios.

La reapertura de esta iglesia que data de 1925 será posible gracias a que  la congregación religiosa Hermanas del Buen Pastor, dueñas del predio, cedió el edificio al Arzobispado de Rosario en comodato por 20 años.

El obispo de la ciudad, Eduardo Martín, decidió que el edificio se utilice para dar respuesta a las crecientes necesidades sociales.

El padre Fabián Belay, sacerdote encargado de la Pastoral Social de Rosario, es el nuevo responsable de esa iglesia y de las distintas actividades que se realizarán en el lugar.

El sacerdote, que lidera varios centros donde se realizan tratamientos de adicciones y trabaja fuerte por las personas en situación de calle, recorrió el lugar mostrando los grandes espacios que se destinarán, en primer lugar, a un refugio.»Vamos a hacer un lugar para la gente en situación de calle que funcione todo el año, las 24 horas, algo que es muy necesario en Rosario», acotó. Ese sitio tendrá capacidad para 50 personas. A su vez, en el primer piso está pensado un hogar de «medio camino», para personas que terminaron un tratamiento de adicciones y ya están en condiciones de reinsertarse en la sociedad, pero tal vez llevan muchos años lejos de su familia y no tienen dónde vivir. Para ellas habrá 20 lugares disponibles.

A su vez, habrá varias aulas destinadas a talleres de oficios y capacitación profesional.

«Queremos que la gente del barrio se involucre, porque acá todos van a poder participar», explicó Belay y comentó que en estos días recibió gran cantidad de mensajes de rosarinos que quieren colaborar para restaurar la iglesia.

«Hay que hacer de todo para reacondicionar el predio, y para eso vamos a contar con la colaboración de los rosarinos», expresó el sacerdote.

Para iniciar esta colosal restauración, Belay sólo cuenta con lo que pagará el Arzobispado, es decir los fondos para arreglar los techos de la iglesia, que corren peligro de derrumbe si no se intervienen. El paso del tiempo y las condiciones climáticas, junto con la falta de mantenimiento, hicieron que parte del techo de la iglesia, sobre la nave central, esté muy deteriorado, tanto que cuando llueve entra agua directamente al tempo. Junto con eso, una de las cúpulas necesita una reparación urgente para no desplomarse.

Los trabajos se comenzarán de inmediato y está previsto que se terminen en tres meses. «Cuando el techo esté arreglado, abriremos la iglesia», aseguró el padre, que sueña con poner en marcha los talleres abiertos a la comunidad cuanto antes.»Por el momento no contamos con fondos para la reparación de este edificio, pero la idea es empezar a gestionarlos y contar con la generosidad de los que quieran sumarse. Estoy sorprendido porque todavía no abrimos y ya se acercó gente que sabe restaurar imágenes y también una señora experta en vitraux», confesó Belay entusiasmado con lo que se proyecta realizar en ese predio, que hasta hoy estaba abandonado.

«Vamos a comenzar por la adoración perpetua como actividad de la iglesia en cuanto se pueda» y luego con los talleres. En tanto, todos los sábados, a partir de mañana se podrá ir a trabajar y a colaborar para mejorar el lugar, finalizó diciendo el padre Fabián.

*Fuente: Diario “La Capital” Edic. 30 de marzo 2019